La “bomba” económica es el desorden del Estado

Por Leonardo Piazza

El cruce de acusaciones entre oficialismo y oposición sobre los responsables de la deuda y a quien le debería explotar la “bomba” se va del foco del verdadero problema. Los excesos de deuda y emisión monetaria son frutos de la crónica acumulación de déficits fiscales derivados de la mala organización del Estado.

Hay una resonante discusión entre el oficialismo y la oposición en torno a la acumulación de deuda pública. Las polémicas giran en torno a su sostenibilidad, es decir, si es un nivel que el Estado está en condiciones de afrontar o, por el contrario, constituye una “bomba” que no se podrá pagar. Este último escenario deriva, fatalmente, en una reprogramación no voluntaria o una licuación de su valor real a través de un golpe inflacionario. El momento de la explosión de la “bomba” no es trivial desde el punto de vista político porque implica hacerse cargo de sus costos sociales y productivos.

La lógica subyacente en esta polémica es que el que generó la deuda debería hacerse cargo frente a la sociedad por sus consecuencias. En la exagerada carga pasional y dialéctica prevaleciente se pierde de vista que la deuda no es un fenómeno exógeno, sino una consecuencia directa de la acumulación de déficits fiscales en el pasado. No hay deuda sin que previamente haya habido déficits fiscales.

En está perspectiva, se puede evaluar –de manera objetiva– la contribución que hicieron los últimos tres gobiernos a la expansión de la deuda pública. Según datos del Ministerio de Economía se observa que:

  • Entre los años 2012 y 2015 el déficit fiscal fue de 2,9% del PBI promedio anual.
  • Entre el 2016 y el 2019 el déficit fiscal fue de 5,1% del PBI promedio anual.
  • Entre el 2020 y el 2022 el déficit fiscal fue de 5,6% del PBI promedio anual.

Estos datos muestran que, en materia de generación de déficits fiscales –que son los que alimentan la deuda pública– no hubo “grieta”. De manera sistemática durante los últimos tres gobiernos, y más allá de sus diferencias ideológicas o discursivas, hubo desequilibrios fiscales. Por lo tanto, más que buscar culpables, lo pertinente es agudizar la autocrítica y buscar las causas de por qué el sector público sufre una tendencia innata a gastar por encima de los recursos disponibles.

Es poco conducente polemizar sobre quien contribuyó más a aumentar la deuda o sobre sus características (plazos, moneda, intereses, tipo de acreedor, etc.). También es poco relevante discutir cuando debería producirse la “explosión”, es decir, la licuación vía inflación o una reprogramación forzada. La experiencia muestra que cualquiera sea el momento, siempre se trata de eventos muy traumáticos. Lo más importante es que son eventos que no solucionan el problema. Con el golpe inflacionario o una reprogramación, la deuda y el gasto público se licuan transitoriamente ya que con la actual organización del Estado rápidamente se vuelve a la generación de déficits y a la acumulación de nueva deuda. La decadencia de las últimas décadas está asociada a repetidos ciclos de crisis donde los ajustes son impotentes para corregir la tendencia natural del Estado a funcionar con déficits financieros y de gestión.

La “bomba” económica la genera el hecho de que los tres niveles de gobierno (nación, provincias y municipios) se superponen en el cobro de similares impuestos y en gastos destinados a los mismos servicios. Los solapamientos son el principal factor que explica la agobiante presión tributaria y la tendencia a gastar en exceso con muy baja eficiencia. El ajuste fiscal –ya sea con golpe inflacionario, recortes de gastos o aumentos de impuestos– no corrige esta deficiencia organizacional.

Por eso, mucho más conducente que polemizar sobre quién endeudó más o a quién le debería estallar la “bomba” es delinear una estrategia de ordenamiento integral del Estado. Salir de la lógica del ajuste y encarar con audacia e innovación la unificación de tributos, la eliminación de la coparticipación de impuestos sustituyéndola por la distribución de las fuentes tributarias y erradicar la superposición de gasto público entre jurisdicciones. Bajo estas condiciones es factible eliminar de manera sostenida la propensión del Estado a generar crónicos déficits financieros y de gestión.

Fuente: IDESA.org

Tags: deficit fiscal grieta oficialismo oposición ordenamiento integral del Estado pbi sector publico



Te puede interesar:

Trenes Argentinos

¿Cómo sacar turnos en Banco de Santa Fe?


Recomendadas

  • Argentina

Cómo elegir el lavarropas ideal para tu hogar

En Argentina, donde las familias buscan cada vez más soluciones prácticas y eficientes, conocer las características clave de estos equipos resulta fundamental para tomar una decisión acertada

  • Economía

Récord de dólares, sequía de pesos: el sistema financiero acumula ahorro, pero el crédito no arranca

Los depósitos en dólares cerraron septiembre en un máximo histórico de US$ 41.911 millones —y ya superan los US$ 42.000 millones en octubre— y los plazos fijos en pesos vuelven a crecer, pero el financiamiento en moneda local al sector privado hilvanó su segundo mes de caída real. El consumo financiado retrocede, los hipotecarios son la excepción y la economía muestra una brecha cada vez más nítida entre la voluntad de ahorrar y la capacidad de endeudarse.

  • Economía

Riesgo país: la excusa externa no alcanza

La suba de las tasas globales funcionó como detonante, no como explicación. Los números muestran que el diferencial argentino ya se venía abriendo antes del salto de los Treasuries, y que detrás asoman tres frentes propios: la política, las reservas y la puerta cerrada del financiamiento voluntario. Una baja de tasas en Washington aliviaría, pero no alcanzaría.

Noticias
que suman