Por Impulso

Las grandes obras las piensan los locos soñadores, las ejecutan los trabajadores natos, las disfrutan los felices cuerdos y las critican los inútiles crónicos

La atracción por el riesgo, no sólo domina a quienes practican deportes riesgosos, tales como esquí, paracaidismo o rafting. También comprende a aquellos individuos dedicados a la búsqueda de nuevas oportunidades comerciales, más allá de los recursos con los que cuenten.

Las nuevas empresas no nacen “de un repollito” sino de la atenta observación que el emprendedor hace de la realidad que lo rodea. La capacidad para ver “más allá de sus narices” y detectar necesidades no satisfechas por los productos, servicios o proveedores actuales.

Muchos autores sostienen que las mejores oportunidades se encuentran en “mercados cambiantes” y no maduros. En esas circunstancias habitualmente el consumidor se encuentra un tanto confundido y le resulta por ello muy difícil comparar las distintas opciones que se le ofrecen.

Cuando ésta circunstancia se presenta, es la gran oportunidad que tiene el emprendedor para alterar la “percepción de valor” del consumidor y ofrecerle nuevas alternativas de satisfacción.

Por supuesto, para innovar hay que correr riesgos, y quien no esté dispuesto a hacerlo, no puede ser un emprendedor. El escalador de montañas sabe que un paso en falso puede terminar con su vida, y sin embargo lo intenta igual; es que…. ¡es tan dulce el sabor del éxito! el alcanzar una meta deseada…

A continuación veremos (7) siete recomendaciones para convertirse en un emprendedor exitoso:

1. Observe a la gente; ¿qué es lo que le molesta, le falta, lo incomoda o extraña?

2. Que puedo hacer yo; ¿qué, de hacerlo cambiaría ese estado de ánimo?

3. Eso que pienso hacer; ¿lo puedo medir, lo puedo pesar, lo puedo cuantificar, lo puedo envasar, lo puedo armar, lo puedo ensamblar, etc.?

4. Eso que pienso hacer; ¿se puede explicar, se puede vender?

5. Eso que voy a hacer; ¿se puede comercializar a un precio razonable?, entendiendo por precio razonable una adecuada percepción de valor por parte del consumidor.

6. La cantidad de lo que voy hacer; ¿es suficiente para satisfacer las necesidades del mercado que espero abordar?

7. ¿Es fácil de copiar, de imitar o de reemplazar?

Por último, recuerde a Kyoto: “Las grandes obras las piensan los locos soñadores, las ejecutan los trabajadores natos, las disfrutan los felices cuerdos y las critican los inútiles crónicos”.

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