Siguiendo una larga tradición, este verano la araña que corona la sala principal del Teatro Colón volvió a bajar a nivel de la platea. Mientras los cuerpos artísticos están de receso, otros trabajadores se ocupan de que todo esté a punto para el inicio de una nueva temporada.
Así es como la enorme luminaria descendió casi treinta metros para que sea posible su limpieza, reparación y esencialmente el recambio de lámparas del total de 735 que posee repartidas en sus doce tulipas.
El proceso comenzó a las ocho de la mañana de este jueves y concluyó con el izado cerca de las siete de la tarde del mismo día.
La araña del Teatro Colón es original del momento de su inauguración; fue construida en Europa a fines del siglo XIX. Pesa 1300 kilos y tiene dos partes: una fija -amurada al techo- de siete metros y medio de diámetro y otra desplazable, de cinco metros y medio de diámetro y casi cuatro de alto, que constituye su plafón central.
El “operativo araña” incluye el retiro de todas las lámparas, la limpieza de las tulipas y de las partes metálicas con la utilización de paños especiales, la colocación de lámparas nuevas y todas las reparaciones que resulten necesarias.