Primero Sony y Samsung, después LG y Motorola y ahora Apple. Todos intentando crear una nueva categoría de producto: el smartwatch, un reloj inteligente para hacer exactamente lo mismo que hacen otros dispositivos con los que hoy contamos, pero sin la sofisticación, la durabilidad, la comodidad y el espíritu intemporal de un reloj convencional.
Desde su concepción, el smartwatch es una idea equivocada. Un reloj, más allá de brindarnos la hora (y en algunos casos adicionales, algunos datos extra como el día o contar con un cronómetro), es un accesorio de moda absolutamente personal, más allá que cualquier otro que utilicemos.
Su carácter de singularidad es tan alto, que existen cientos de fabricantes en el mundo, con millones de modelos de distinto tamaño, terminación, materiales y colores, que resulta prácticamente difícil ver a dos personas con un mismo reloj en una reunión, en un encuentro, en una convención o en la vida cotidiana.A diferencia de los smartphones, que lograron una universalidad particular, en la que podemos ver desde un profesional, un empleado, un adolescente o un presidente, utilizando un mismo equipo, el reloj es un símbolo de distinción.
Pero aún más importante, es su concepto atemporal. Si su calidad y buen uso lo permiten, podemos llevar el mismo modelo durante toda nuestra vida (o buena parte de ella), legarlo a nuestros hijos, sobrinos o pareja. Lleva arraigado la idea de una joya, de permanencia eterna.
Un smartwatch no trae ninguno de estos preceptos consigo y presenta varios obstáculos, aunque el principal es que resulta obsoleto a los pocos años o meses.
Medir la presión, saber cuántas calorías quemé haciendo alguna actividad física o responder una llamada telefónica, bien puede ser resuelto con una banda como la popular FuelBand de Nike o la nueva SmartBand de Sony, que se acopla a nuestra muñeca y puede funcionar como complemento del reloj, no un reemplazo.
Nadie que utilice marcas como Rolex, Tissot, TAG Heuer, Patek Philippe, Cartier o Bulgari, por citar sólo algunas, cambiará su modelo de distinción por un aparatoso objeto.
Apple logró cambiar el mercado de las computadoras con sus modelos Mac, pero nunca logró liderar el mercado. Luego, sí pudo revolucionar el segmento móvil con el iPhone. Pero no todos los tiros siempre dan en el blanco. El Apple Watch (o iWatch) es un ejemplo.
Y aquí el error no sólo es de la compañía de la manzana, sino del concepto en sí de reloj inteligente. La única posibilidad de que los wearables tengan éxito, es siguiendo las líneas creadas por los brazaletes antes mencionados. Lo demás, es sólo cuestión de tiempo para que pasen de moda.
Por Norberto Sica, director editorial de #IMPULSO (Seguir en Twitter).