Las selfies llegaron para quedarse, y millones de ellas se toman todos los días, con el objetivo de ser compartidas a través de diferentes redes sociales, principalmente Facebook e Instagram.
Hace algunos días se conoció que una turista japonesa de 66 años falleció luego de caer de las escaleras mientras intentaba tomarse una selfie en el Taj Mahal, y la polémica se reavivó.
La distracción que genera poner el foco en el teléfono y la fotografía, sumado a los riesgos que algunos toman para obtener la mejor imagen, hace que las posibilidades de sufrir un accidente se multipliquen.
A modo de comparativa, Mashable destacó que en lo que va de 2015 fallecieron más personas por tomarse una selfie que por ataques de tiburones. Fueron exactamente 12 personas fallecidas por selfies frente a 8 personas por la otra causa.
Muchos lugares públicos, entre ellos parques de diversiones, museos, o en eventos como conciertos prohíben el uso de selfie sticks, estos palos que se hicieron populares en el ultimo tiempo y que colaboran a la distracción.
Si bien se busca realizar campañas para entender los riesgos de aislarse del entorno, la masividad de los smartphones con cámara y la creciente tendencia de registrar fotográficamente todo lo que hacemos, hace que sea difícil detener esta estadística.
La próxima vez, antes de tomar una foto, será una buena idea observar alrededor y asegurarnos de que el ambiente que nos rodea sea seguro.