La Trochita, un viaje en el tiempo en medio de la Patagonia

Viajar por primera vez en este tren ofrece un momento "mágico", según lugareños y turistas que pueden disfrutar diversos eventos en esta museo rodante.

“El sonido del silbato, de las toneladas de metal que se compaginan para moverse con parsimonioso carisma predisponen al viajero de un modo particular. Cada detalle del tren atrae la mirada. El resplandor del fuego que sostiene la presión en la caldera, los vagones de madera que se adinivan antiquísimos a simple vista, los pequeños bancos y las salamandras que evocan inviernos impiadosos en la meseta. Todo en el tren parece salido de un cuento o de una película” de esta manera, entre descriptivo y poético presentan a La Trochita, uno de los atractivos turísticos del sur argentino.

El Viejo Expreso Patagónico, conocido como La Trochita, es uno de los principales atractivos de la zona cordillerana de Chubut y ofrece recorridos con singulares vistas de la estepa y los valles de la Comarca Andina que conectan Esquel, Nahuel Pan, El Maitén y Desvío Bruno Thoma.

A medida que el tren avanza, el paisaje va cobrando protagonismo. Ya no solo deslumbra el tren, sino los cerros que recortan el cielo y los animales que saludan a su paso; los guías complementan el espectáculo con la información clave para que todos los pasajeros puedan comprender y conocer a La Trochita con mayor profundidad.

La Trochita ofrece tres opciones de salidas para quienes desean vivir la experiencia de viajar en este museo rodante.

Desde la estación Esquel y desde la Estación El Maitén parten servicios turísticos, mientras que además es posible contratar chárters para realizar la totalidad del recorrido.

Además, tanto en Esquel como en El Maitén hay exhibiciones sobre la historia del tren para recorrer antes o después del viaje.

El viaje inolvidable por la estepa patagónica en el emblemático trencito tiene una duración de aproximadamente dos horas cada tramo.

UN PAISAJE QUE SE HIZO CUENTO

El tren fue creado hace 72 años y tras dos años sin funcionar en el inicio de la década de 1990, volvió a circular en 1994 gracias a un proyecto turístico.

Mantiene su formato original, que se remonta a mediados del siglo XX, caracterizado por pequeños vagones y una locomotora a vapor, que circulan por vías con trocha de 75 centímetros.

La formación tiene una capacidad de 120 pasajeros y se convirtió en un ícono internacional que llegó a los libros, como el del escritor estadounidense Paul Theroux, que le dedica una mención en su clásico: “El Viejo Expreso de la Patagonia”.