La actividad económica se encuentra en modo “serrucho”

La actividad se desplomó 2,9% en julio, la peor caída mensual del año, y quedó en su nivel más bajo desde octubre de 2024. Con el segundo trimestre ya en terreno negativo, evitar la recesión técnica exigiría crecer cerca de 3% por mes en agosto y septiembre, un ritmo que no se vio ni una vez en los últimos dos años y medio. Energía y minería sostienen; comercio e industria se hunden.

La economía argentina volvió a encender una luz roja. Según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que publicó el INDEC el 24 de septiembre, la actividad cayó 2,9% en julio respecto de junio en la serie desestacionalizada, luego de un avance marginal de 0,3% el mes previo. En la comparación con julio de 2025, el retroceso fue de 1,4% interanual. Se trata de la mayor contracción mensual de 2026: el índice quedó en 149,6 puntos, el registro más bajo desde octubre de 2024 y 4,5% por debajo del pico alcanzado en marzo.

Con este resultado, la economía acumula una expansión de 1,7% en los primeros siete meses del año frente a igual período de 2025. Pero el promedio esconde más de lo que muestra. El crecimiento acumulado viene perdiendo fuerza de manera persistente (era de 2,4% a marzo) y el recorrido mensual dibujó un serrucho: en lo que va del año hubo cuatro caídas, un mes de estancamiento y apenas dos subas. La economía no termina de encontrar un motor que la saque de la meseta.

Por qué la recesión técnica está tan cerca

En la jerga económica se habla de recesión técnica cuando el producto cae durante dos trimestres consecutivos frente al trimestre anterior. Si se toma el EMAE desestacionalizado como aproximación del PIB, el primer escalón ya se recorrió: el segundo trimestre promedió 154,1 puntos, 0,6% menos que el primero. El dato oficial de cuentas nacionales puede diferir levemente, pero la dirección es clara.

El problema es el punto de partida del tercer trimestre. Julio arrancó 2,9% por debajo del promedio del segundo trimestre, lo que en la jerga se conoce como un arrastre estadístico negativo. Si la actividad simplemente se mantuviera en los niveles de julio durante agosto y septiembre, el trimestre cerraría con una caída cercana al 2,9%. Para que el tercer trimestre no dé negativo, la economía debería crecer alrededor de 3% mensual en agosto y otra vez en septiembre. Para dimensionarlo: el mayor salto mensual registrado desde enero de 2024 fue de 2,7%, y nunca se repitió en dos meses seguidos.

 

El ejercicio deja una conclusión incómoda: incluso un rebote fuerte de 2% mensual dejaría el trimestre en rojo. Salvo una sorpresa de magnitud inusual, el país transita hacia su recesión técnica, y la discusión ya no pasa tanto por si ocurre sino por cuán profunda y prolongada resulta.

Una economía a dos velocidades

La foto sectorial confirma un patrón que se repite desde hace meses. Solo siete de las quince ramas que releva el INDEC crecieron en la comparación interanual, y lo hicieron mayormente sectores vinculados a los recursos naturales. Pesca trepó 424,5%, aunque el número se explica casi por completo por una base de comparación muy baja en julio de 2025; aun así fue el sector que más aportó al índice (+0,64 puntos porcentuales). Explotación de minas y canteras —donde pesan el petróleo y el gas no convencional de Vaca Muerta y la minería metalífera— creció 8,4%, si bien desaceleró con fuerza respecto del 15-17% que mostraba entre marzo y junio. El agro, ya terminada la cosecha gruesa, apenas sumó 0,7%.

Del otro lado de la balanza están las actividades de mayor peso y más ligadas al consumo interno. Comercio cayó 5,1% e industria manufacturera 4,6%, y entre ambas restaron 1,3 puntos porcentuales al índice general. No se trata de un mal mes aislado: los dos sectores registraron caídas interanuales en cinco de los siete meses del año. También retrocedieron construcción (-3,3%), intermediación financiera (-3,0%) —que a fines de 2025 crecía a tasas de dos dígitos y hoy refleja el freno del crédito—, transporte y comunicaciones (-1,5%) y administración pública (-1,5%), esta última con bajas sostenidas a lo largo de todo el año en línea con el ajuste del gasto.

Un dato que suele pasar inadvertido: el componente que más restó en julio no fue un sector productivo sino los impuestos netos de subsidios (-4,5%, con una incidencia de -0,82 puntos). Este rubro sigue el volumen de transacciones gravadas —IVA, derechos de importación— y funciona como un termómetro indirecto del consumo y de las compras al exterior. Su caída refuerza el diagnóstico de una demanda interna debilitada.

La lectura de fondo es estructural. Los sectores que crecen —energía, minería, agro— son intensivos en capital, orientados a la exportación y con relativamente poca generación de empleo por cada peso producido. Los que caen —comercio, industria, construcción— son precisamente los grandes empleadores privados y los que más dependen del poder adquisitivo de los hogares. Por eso el aporte de los recursos naturales alcanza para sostener las cuentas externas, pero no para traccionar al conjunto de la economía ni para que la mejora se perciba en la vida cotidiana.

El impacto macroeconómico

  • Crecimiento anual en riesgo. Si la actividad se mantuviera en el nivel de julio hasta fin de año, 2026 cerraría prácticamente sin crecimiento (en torno a -0,2% según nuestras estimaciones), muy lejos del 1,7% que hoy muestra el acumulado. El arrastre favorable que dejó 2025 se está consumiendo.
  • Recaudación y ancla fiscal. Menos actividad implica menos IVA, menos Ganancias y menos ingresos por comercio exterior. Si el objetivo de superávit se mantiene inalterable, el ajuste debería recaer nuevamente sobre el gasto, con un sesgo procíclico que puede profundizar la caída de la demanda.
  • Desinflación con costo. La inflación de agosto fue de 1,7% mensual, la más baja en catorce meses, aunque la interanual todavía se ubica en 33,5%. Parte de esa desaceleración se explica por la debilidad de la demanda: la estabilidad de precios avanza, pero con un costo creciente en actividad.
  • El canal financiero como amplificador. Con tasas de préstamos personales cercanas al 89% nominal anual y una inflación que corre en torno a 22% anualizado, el costo real del crédito es muy elevado. La morosidad de las familias llegó a 12,9% en julio —desde 9,3% en diciembre de 2025— y el stock real de préstamos cayó 1% en el mes. Hogares más endeudados consumen menos, y bancos con más mora prestan menos.
  • Empleo e ingresos. Dado que el deterioro se concentra en los sectores más mano de obra intensivos, el principal riesgo de los próximos meses es una presión adicional sobre el empleo formal privado, las horas trabajadas y los salarios reales.

El impacto en la economía de todos los días

Comercios. Menor volumen de ventas, márgenes comprimidos por promociones y una financiación en cuotas cada vez más cara. Muchos comercios están ajustando stocks y postergando reposición, lo que a su vez traslada la debilidad hacia sus proveedores.

Pymes industriales. Operan con alta capacidad ociosa, enfrentan una competencia importada más intensa y se financian a tasas reales positivas y elevadas. La combinación tensiona la cadena de pagos y obliga a priorizar liquidez por sobre inversión.

Familias. El endeudamiento acumulado durante 2025 se convirtió en una carga. Con la mora en máximos, los hogares recortan gastos no esenciales y postergan la compra de bienes durables, como autos, electrodomésticos o materiales de construcción.

Mapa regional. La economía de dos velocidades también tiene geografía: las provincias petroleras y mineras muestran dinamismo, mientras que los grandes polos industriales y comerciales del centro del país —conurbano bonaerense, Córdoba, Santa Fe— absorben la mayor parte del ajuste.

El matiz: la tendencia todavía no se dio vuelta

No todo es negativo en el informe. La tendencia-ciclo mantuvo una suba de 0,2% mensual, el mismo ritmo que viene mostrando desde comienzos de año. Esto sugiere que el derrumbe de julio, por sí solo, no necesariamente implica un cambio definitivo de rumbo. Conviene recordar además que el EMAE es una estimación preliminar sujeta a revisiones, y que la serie desestacionalizada es volátil: ya en febrero había caído 2,2% para rebotar 2,7% en marzo.

Sin embargo, hay dos razones para no tomar ese dato como un alivio. La primera es técnica: la tendencia-ciclo, por construcción, reacciona con rezago en los puntos de giro y suele corregirse cuando se incorporan nuevos datos. La segunda es de composición: la caída de julio no se explica por un sector puntual o por un shock climático, sino por un deterioro amplio de las ramas ligadas al mercado interno, que es el patrón típico de una desaceleración cíclica.

Perspectivas: qué esperar en lo que resta del año

Nuestro escenario base contempla un rebote moderado en agosto y septiembre, insuficiente para compensar el arrastre de julio. En ese marco, el tercer trimestre mostraría una caída de entre 2% y 3% frente al segundo, lo que configuraría la recesión técnica. Para 2026 en su conjunto, el crecimiento se ubicaría por debajo del 1%, con un sesgo bajista si la debilidad del consumo se extiende hacia el cuarto trimestre.

La salida dependerá de un puñado de variables que conviene seguir de cerca:

  • Tasas de interés y crédito: una baja sostenida del costo del financiamiento es condición necesaria para que se recuperen el consumo durable y la inversión.
  • Salarios reales: la desinflación sólo se traducirá en más demanda si los ingresos le ganan a los precios de forma consistente.
  • Morosidad: su estabilización —que algunos bancos ya empiezan a observar— sería la señal de que el desendeudamiento de los hogares tocó fondo.
  • Indicadores anticipados de agosto: producción industrial, índice de la construcción, ventas minoristas y recaudación de IVA darán la primera pista antes del próximo EMAE, que el INDEC publicará el 21 de octubre.

En síntesis, la economía argentina atraviesa un momento bisagra. La estabilización macroeconómica logró bajar la inflación y ordenar las cuentas públicas, y los sectores exportadores muestran un dinamismo genuino. Pero ese motor todavía no alcanza para encender al resto. Mientras el mercado interno siga en retroceso, el crecimiento seguirá concentrado en pocos sectores y pocas regiones, y la recesión técnica dejará de ser una advertencia para convertirse en el dato de los próximos meses.

Fuente: LP CONSULTING

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