El próximo 10 de octubre abrirá sus puertas al público el Museo del Libro y de la Lengua, que funcionará en la intersección de las calles Las Heras y Austria en la ciudad de Buenos Aires.
Para su puesta en funcionamiento, el Gobierno Nacional invirtió 14 millones de pesos. Diseñado por arquitectos de la Biblioteca Nacional, tendrá salas de exposición, auditorios, una sala de radio y otra audiovisual con pantalla semicircular.
Albergará sectores dedicados a la historia de la escritura, la imprenta, el libro y la lengua, así como espacios destinados a la exhibición de los ejemplares más antiguos del patrimonio argentino.
El edificio del museo cuenta con una superficie total de 1.500 metros cuadrados, distribuidos en cuatro niveles.
En el subsuelo hay un auditorio con capacidad para 80 personas, las oficinas administrativas y las salas de máquinas.
En la planta baja, hayuna sala de exposiciones y se encuentran los cuatro murales pertenecientes a Demetrio Urruchúa, Manuel Colmeiro, Juan Carlos Castagnino y Lino Enea Spilimbergo, que fueron trasladados desde las ex galerías Pacífico y que estarán exhibidos mientras se restauran.
Habrá una exposición sobre los distintos modos del habla que atraviesa el territorio argentino, divididos por provincias, mediante juegos interactivos en los que también se accederá a poesías y canciones oriundas de cada región.
Además, se construyó un acceso a una dependencia anexa, donde se montó una sala de radio y una sala audiovisual con pantalla semicircular.
En el primer piso del museo hay una pasarela desde donde se balconea el gran espacio para contemplar los cuatro murales antes mencionados y funciona también como una sala de exposición de libros junto a un mapa de las editoriales argentinas.
Por último, el segundo piso cuenta con balcones desde los cuales se pueden apreciar los murales, pero además tiene una conexión por medio de una pasarela metálica con la plaza perteneciente a la Biblioteca Nacional y cuenta con unas cámaras que proyectan juegos de palabras y frases sobre unos techos inclinados.
El diseño del edifico estuvo a cargo de los mismos arquitectos que diseñaron la Bilbioteca Nacional, Clorindo Testa y Francisco Bullrich.