El Corredor de los Andes, que se extiende unos 300 kilómetros por Río Negro y Chubut, combina turismo aventura, pesca, historia y gastronomía en 11 localidades. Además, es una propuesta que cuenta con múltiples actividades para unas largas vacaciones.
Desde El Manso, en Río Negro, hasta el pueblito de Corcovado, en Chubut, el camino transcurre entre picos nevados, valles, ríos y lagos. A su vez, ofrece otras bases como la ciudad rionegrina de El Bolsón, y a las chubutenses El Maitén, El Hoyo, Lago Puelo, Epuyén, Cholila, Gualjaina, Esquel y Trevelin.
Se trata de un circuito que en viaje directo puede demandar unas cinco horas. Asimismo, sus atractivos -que incluyen tres parques nacionales- pueden retener unas dos semanas o más a los turistas, con actividades como senderismo, rafting, cabalgatas y paseos en lancha.
Por otra parte, quienes quieran despegar de la tierra en forma no convencional, tienen opciones de parapente y vuelos de “bush flyings”, que además les brindarán imágenes panorámicas especiales desde el aire.
Los parques nacionales Nahuel Huapi, Lago Puelo y Los Alerces, cuyos ríos e inmensos lagos de aguas cristalinos son ideales para el turista que disfruta de paseos náuticos o de la pesca con mosca, un clásico internacional de la Patagonia.
OTRAS OPCIONES PARA RECORRER
Para admirar y conocer la flora patagónica de cerca, se ofrecen cabalgatas, caminatas y cicloturismo, tanto en las zonas más altas como en los valles, donde también se puede tener contacto con las actividades productivas de la región.
Algunas opciones puntuales son admirar el Bosque Tallado de El Bolsón, canopy entre cipreses y coihues, viajar en el tren histórico La Trochita, visitar la cabaña del bandido Butch Cassidy y conocer las chacras que producen frutas finas y el afamado lúpulo que consumen cerveceras de todo el país.
En lo gastronómico, además del emblemático cordero patagónico, la trucha ahumada y el ciervo, el corredor cuenta con numerosos platos en los que confluyen productos e ingredientes originales de la Patagonia con otros introducidos por inmigrantes de ultramar.
Hongos de primavera, tallos de nalca y el picante merkén llegan a las mesas combinados con innovadoras recetas, como un chimichurri de piñones, escabeches de ciervo y liebre y -en menor medida debido a la escasa demanda- frutos de mar, en especial langostinos.
Télam