Las compañías de tecnología quieren ofrecer el próximo gadget que todos querrán comprar, y es claro que el smartwatch está lejos de serlo, al menos por lo visto hasta el momento.
Las ventas han sido moderadas para prácticamente todas las marcas, a pesar de grandes campañas publicitarias y el objetivo de convertirlo en una revolución que nunca llegó, aunque podría suceder en algunos años.
Ya hemos visto como meses después de sus anuncios, relojes de Motorola, LG (o prácticamente cualquier otra marca) han descendido abruptamente en precio para intentar convencer a los usuarios más arriesgados a comprar uno.
Pero hay un ejemplo claro del poco interés en los relojes inteligentes: el Apple Watch.
Apple ha conseguido con los años atraer a consumidores listos para invertir su dinero en los productos de la compañía, y -a diferencia de lo que sucede con sus competidores- es muy raro encontrar un producto de Apple descontado, a menos que ya haya salido una nueva generación.
Es por eso que ver como el Apple Watch se vende ahora en Estados Unidos con un 30% de descuento (y sin conocerse una nueva generación) es una muestra más del poco interés en los relojes inteligentes en general. El modelo de entrada se ofrece a US$ 249 frente al precio normal de US$ 349.
Esto, sumado a que Apple no ha dicho ni un palabra sobre cuantos relojes se han vendido, a pesar de saberse que le ha ido mucho mejor que a la competencia.
La idea de vender los relojes inteligentes como “piezas de lujo” quedó desvanecida rápidamente, y en particular el Apple Watch ya no es exclusividad de sus propias tiendas, sino que se vende en supermercados o tiendas como Wal-Mart, Target, Best Buy, etc.
Esto no significa que los smartwatches no tengan futuro, pero sí que por el momento deberán hacer mucho más que replicar notificaciones del teléfono para atraer al mercado.
Si Apple no ha conseguido el éxito esperado con su imagen de marca, para el resto de las compañías el panorama es mucho más difícil, y será interesante ver que sucede durante 2016.