No digo nada nuevo al contar que Apple es una empresa que siempre estuvo en la cúspide de todos los avances referidos a la computadora personal, la forma de comercializar música y, en los últimos años, a las telecomunicaciones.
Hoy Apple se enfrenta a un mercado cambiante y en una constante y abrumadora evolución por tener lo último.
En un mundo donde los avances tecnológicos ya están a la mano de todos, las ventajas que antes eran de apenas uno o dos años, hoy son algo habitual.
Desde cadenas de supermercados que fabrican sus propias marcas de electrodomésticos hasta firmas de celulares que se venden tuneadas.
Apple se encuentra ante un mundo mucho más exigente y cambiante. Ninguno de sus atributos característicos como el entendimiento, la comunicación o la pertenencia son particularidades esenciales de lo que el mercado necesita hoy.
Con el renovado iOS 7 viene a llenar esa necesidad con un código gráfico que va directamente a ocupar una nueva personalidad cueste lo que cueste, dejando de lado las usabilidad y la simpleza, y metiéndose directamente en algo distinto y único.
Colores incómodos, trazos demasiado débiles y movimientos innecesarios vienen exclusivamente a colmar de sensaciones vacías a aquellos que demandan "novedad" y una personalidad única.
Veo este cambio como un gesto desesperado que viola los principios que Steve Jobs construyó durante toda una vida y que llevaron a esta compañía a ser lo que es.
iOS 7 se subió al tren de la tendencia y a las descabelladas sugerencias que el mundo cree estar necesitando. ¿Más píxeles en la fotografía? ¿Una pantalla más grande? ¿Dos milímetros menos de espesor? ¿O dos megas más de memoria?. Todo eso, ya no marca la diferencia.
Estamos dando vueltas alrededor de la misma novedad con distintas caras. Nada verdaderamente nuevo. Nada que nos ayude a vivir mejor, nada disyuntivo. Solo un OS más que le pone botox a un cuerpo viejo.
iOS 7 genera un cambio favorable o agradable, de eso no hay dudas. Pero es evidente que se trata de no más que del sistema operativo de un smartphone que tiene mucho por cambiar.
Por Sebastián Abramovich.
Diseñador, creativo, director de la agencia de publicidad La Selección