[Crítica] *The Imitation Game (El Código Enigma)*: una digna candidata al Oscar a Mejor Película

El film está protagonizado por Benedict Cumberbatch, quien saltó a la fama tras ocupar el rol de Sherlock Holmes en la serie homónima para la cadena BBC

De tanto en tanto, se suele escuchar a alguien decir que “nadie es imprescindible”. Claramente, la historia nos demuestra que esa frase es poco afortunada y que hay personas clave que protagonizaron en momentos puntuales hechos que marcarían la forma en que hoy vivimos.

Soy un convencido que de alguna forma u otra, todos dejamos nuestra huella (en mayor o menos medida), aunque -obviamente- hay casos excepcionales. Abrahan Lincoln abolió la esclavitud, José de San Martín ayudó a lograr la independencia de Argentina, Chile y Perú y Albert Einstein nos legó su teoría de la relatividad.

Pero hay nombres, no tan populares, que también consiguieron transformaciones de gran relevancia. “The Imitation Game” (El Código Enigma), nos trae la vida de Alan Turing, uno de los más grandes matemáticos de todos los tiempos, que se destacó por sus aportes a la lógica, criptografía y, especialmente, a la computación, de la que es uno de los padres.

“A veces esas personas de las que no imaginamos nada, son las que consiguen lo que nadie pudo imaginar”.

La película contó con la dirección de Morten Tyldum y la soberbia actuación de Benedict Cumberbatch, quien saltó a la fama tras ocupar el rol de Sherlock Holmes en la serie homónima para la cadena BBC.

En menos de dos horas, la cinta retrata la vida del genio, que logró descifrar el llamado código Enigma durante la Segunda Guerra Mundial, lo que permitió acortar el conflicto bélico en al menos dos años y salvar cerca de 14 millones de personas. Sin embargo, sus logros no lo pudieron exonerar de ser condenado por sus preferencias sexuales, lo que muestra la cruda realidad por la que pasaban las personas homosexuales durante esa parte de la historia.

“Si lo quisieras, habrías sido un hombre normal. El mundo es un lugar infinitamente mejor, precisamente porque no eres un hombre normal”.

Sin entrar en detalles específicos de la película, hay dos frases que quiero rescatar. En uno de los pasajes en los que un joven Turing sufre del abuso de sus compañeros de la escuela, reflexiona: “Saben por qué a la gente le gusta la violencia? Porque se siente bien. Los seres humanos encuentran a la violencia profundamente satisfactoria. Pero si quitamos esa satisfacción, el acto se convierte en algo hueco”.

Promediando el film, aparece el tema de las diferencias, quizás no sólo entre máquinas y personas, sino entre los seres humanos en si: “Las máquinas no pueden pensar como personas. Las máquinas son distintas. Y por lo tanto, piensan diferente. La pregunta interesante es, sólo porque algo piensa diferente, significa que no está pensando? No vamos a permitir que los seres humanos tengan tales divergencias entre unos y otros? Cuál es el punto de los diferentes gustos, diferentes preferencias, si no podemos decir que nuestros cerebros funcionan distinto, piensan distinto?”.

“The Imitation Game”, nominada al premio Oscar a Mejor Película, no sólo es una digna candidata, sino una de las grandes sorpresas del año.

Estrena en Argentina el 5 de febrero de 2015.


El puntaje final puede no coincidir con el promedio de los aspectos calificados y es una opinión del editor.