Con muchos ingredientes para hacer de “Spy” una divertida comedia, el resultado es una película que se siente interminable, con chistes ordinarios y extremadamente obvios.
“Spy” llegó con un trailer que prometía una propuesta entretenida, teniendo a Melissa McCarthy en el rol de una agente de la CIA que deja su puesto detrás de una computadora, para ir a la acción a fin de superar una inesperada situación en la que otros espías quedaron expuestos ante el enemigo.
Con un physique du rol alejado de las espías estilo James Bond, la comedia en tono de parodia de los clásicos films del género de suspenso, pierde demasiado tiempo en presentar a los personajes, con escenas, diálogos y situaciones que fácilmente podrían haberse dejado de lado, para ofrecer una historia más limpia, inteligente y menos obsecuente en su intención por querer hacer reir.
Junto a McCarthy, aparecen Jude Law y Jason Statham, este último un gran exponente de las cintas de acción, que queda relegado a un papel con poca personalidad.
Muy alejada del humor blanco y con estilo de la serie “El Súper Agente 86”, de la que podría haber tomado algunos elementos, “Spy” ofrece una narrativa confusa y una infinidad de lugares comunes. Para olvidar.