Ausencia de química entre los protagonistas. Exceso de lugares comunes. Un villano poco creíble. Una cinematografía demasiado obvia. Y una banda de sonido inconexa y aburrida.
A pesar de esas características, “Focus”, la nueva película protagonizada por Will Smith y Margot Robbie, es una apuesta que se deja ver, aunque eso no significa que sea un logro de su director. Es sólo una de esas propuestas que intenta caer bien (la palabra clave es “intenta”), y en ese búsqueda uno trata de ser condescendiente.
Smith hace el papel de Nicky, un experto en engaños que una noche conoce a Jess, una novata que quiere aprender el secreto de su profesión. Luego de un intenso entrenamiento logran llevar a cabo un golpe maestro final, pero Nicky corta la relación y deja a Jess abandonada en un aeropuerto.
La historia hace un salto de tres años, en el que los personajes se reencuentran en Buenos Aires en medio de una competencia de autos de carrera, en la que Nicky es contratado para engañar a los rivales del dueño de una escudería que posee un combustible ganador.
Es en esta segunda parte de la película, en donde el guión pierde más fuerza y las escenas se sienten forzadas, para terminar con un final demasiado predecible y poco contundente.