La cuarentena obligatoria que cumple la mayoría de los argentinos tiene distintas excepciones: por un lado, los que trabajan en diversos rubros pueden circular, mientras que el resto de las personas pueden hacer algunas compras. Sin embargo, es muy diferente la situación de las personas que viajaron a zonas de riesgo y afrontan un aislamiento total y permanente para prevenir la propagación del coronavirus.
Luego de algunos días de distancia con la crisis de los aeropuertos y la desesperación que genera la incertidumbre de un regreso sin fechas claras, tres personas que estuvieron fuera del país cuando estalló la pandemia dialogaron con IMPULSO y revelaron detalles sobre su llegada a Argentina y su vida de encierro absoluto.
DE LAS PLAYAS DE BRASIL AL AISLAMIENTO
Luisina viajó con una amiga a Guarujá, Brasil, con el objetivo de pasar la temporada allá y mantenerse trabajando. Además, la idea era recorrer la ciudad y conocer nuevos lugares, aunque ese plan se derrumbó como un castillo de naipes y el destino encontró a la joven de 22 años en Rosario el 19 de marzo, a raíz de la expansión del coronavirus.
Más allá de los inconvenientes logísticos para regresar, Luisina se refirió a lo que le generó el aislamiento desde un principio. “Esto me hace valorar mucho a mi familia, que se preocupó porque yo no estaba en Argentina. Ellos me hicieron ver la realidad, porque yo estaba allá y no pensaba volver. No veía televisión me encontraba al tanto de las noticias. En Brasil se hablaba del tema pero con bastante tranquilidad”, explicó la joven.
“De golpe me di cuenta de lo que ocurría, mis padres estaban muy angustiados –contó Luisina-. Mi mamá me mandaba mensajes desesperada. Ahí compré un pasaje que no me sirvió por el cierre de las fronteras el viernes 20. Tuvimos que decidir rápido y volver antes”.
Por otra parte, en medio del aislamiento, la joven de 22 años reflexionó: “Cuando pasan estas cosas pienso que tan egoísta somos a veces con el resto de las especies que habitan el medioambiente. Alguna vez teníamos que tener algún depredador, que en este caso parece ser el coronavirus”.
“Parece de película lo que está pasando. Tengo una sensación de rareza. Ahora que estoy en cuarentena valoro lo que tengo. Tengo una casa, comida, no me falta nada. No es nada quedarte en tu casa por un tiempo, peores son otras cosas”, sentenció Luisina.
EE.UU: CAMBIOS Y UN REGRESO IMPENSADO
Franco Vigna tiene 30 años, es contador y vive en Rosario. Con el objetivo de crecer académicamente y profesionalizarse, decidió viajar para aprender inglés en Santa Bárbara, que se ubica cerca de Los Ángeles, Estados Unidos. Sin embargo, su proyecto de estudio y los recorridos turísticos junto a su novia son un simple recuerdo en medio de la cuarentena que afrontan desde hace unos días.
En torno a cómo se inició el operativo regreso, Franco Recordó: “La situación fue un caos. Hasta el fin de semana pasado estaba todo tranquilo. Pero el jueves con mi novia nos enteramos que el 20 cerraban las fronteras argentinas, y ahí empezamos a ver el tema vuelos”.
“Además, cuando decidimos volver nos quisieron cobrar dos mil dólares a cada uno porque en teoría solo había lugares en primera clase”, indicó el contador de 30 años, que agregó: “Mucha gente quedó varada en los aeropuertos, en las escalas”.
Por otro lado, previo a detallar cómo atraviesa la cuarentena, Franco aseguró: “Quedarte varado en Estados Unidos, con un seguro médico bajo, es un problema. Hacerte un test de coronavirus sale tres mil dólares. Yo soy asmático y tuve que pensar todo muy bien para ver qué hacer”.
En tanto, respecto al aislamiento decretado por el gobierno nacional, Franco manifestó: “La cuarentena me parece muy bien. Si no se toma con seriedad la situación es grave. En Estados Unidos demoraron y se les complicó. En Argentina aun no tomamos dimensión”.
A su vez, a modo de advertencia, el contador alertó: “Esto hay que tomarlo en serio, no es joda. No es solo el problema de la enfermedad, sino contagiarla. Además no sabemos cuánto tiempo va a durar el aislamiento”.
DE ROSARIO A BRASIL, Y DE BRASIL A ROSARIO
Micaela de Figueiredo Peralta es brasileña, tiene 23 años y estudia en la ciudad de Rosario. Hace algunas semanas decidió ir a visitar a su familia, pero el coronavirus también altero sus planes.
“Estuve en el litoral sur de São Paulo, en una isla llamada Guarujá, ahí viven mis padres –relató Micaela-. Fui a pasar el verano e intentar conseguir algún trabajo temporario para no desperdiciar mis vacaciones, y además pasar las fiestas con ellos y compartir ese tiempo, ya que no solemos vernos tan seguido”
De todas formas, la aventura turística y familiar se diluyó y hoy, al igual que el resto del país, Micaela está aislada y así lo vive: “Desde que llegué estuve ordenando y limpiando la casa. Aparte cocino, miro series, estudio un poco. Siento que no hay una estructura de tiempo determinada, es todo a cualquier hora y eso impresiona bastante”.
“Estamos tan acostumbrados a cumplir horarios y a dividir el tiempo para cada actividad, que en una situación como esta muchos no saben qué hacer, me pasó en estos días”, agregó la joven estudiante.
En tanto, en cuanto al provecho que saca de estar en su casa, Micaela contó: “Ahora valoro el hecho de aprender a convivir con ese tiempo de tranquilidad, de poder bajar un cambio, disfrutar mi casa, dedicarle más tiempo a mi mascota, teniendo en cuenta que es un bien que hago a mí misma y a la sociedad. A mis amigas que las extraño demasiado, estamos esperando que culmine la cuarentena para juntarnos”.
Por otra parte, el coronavirus y su feroz avance hicieron que la joven brasileña pueda apreciar otras cosas. “Esta experiencia me hace ver lo frágiles que somos, lo poco preparado que estamos para estas emergencias, la falta de solidaridad en algunos casos, la falta de control emocional que genera la desesperación de no saber que va pasar y esperar lo peor”, expresó Micaela.
A su vez, la joven añadió: “Yo creo que cuando pase todo esto va haber sido una gran experiencia en lo personal y como sociedad, aprender a mantener la calma en medio caos, buscar siempre como ayudar a los demás en lo más mínimo como fue quedarme en casa. También me demostró el valor de mis amistades, ofreciéndose a traerme provisiones en este periodo de resguardo”.
Finalmente, sobre la pandemia y sus consecuencias, expresó: “La verdad es que esto me da un poco de miedo, el no saber cómo van a seguir las cosas, si tardará o no en solucionarse todo. Creo que el joven promedio tiene ese miedo, te hace pensar en todos los proyectos que tenes en mente y si vas a poder lograrlos. Quisiera despertarme mañana y que alguien en el mundo tenga la fórmula mágica para salir de este caos”.